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Chen Pan Ling
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CHEN  PAN LIN

Hasta su muerte a los 77 años en 1.967, Chen Pan Lin fue sin duda el mayor experto del mundo en los principios, técnicas y prácticas del boxeo chino.  Era uno de los pocos luchadores que vivían en Taiwan que había sido famoso anteriormente en el continente.

Su padre se había sometido al severo entrenamiento del templo de Shaolín en la provincia de Henan, y había seleccionado a los mejores profesores para su hijo. Aunque era un hombre bien educado y con buenas relaciones ( era ingeniero hidráulico y  había sido presidente de la central del Kuomintang de la provincia de Henan desde 1944) su gran amor era el boxeo.  Incluso había estudiado Taiji Quan en la famosa aldea de Chen Chia Kou, en Henan.  Chen alcanzó tal nivel en el boxeo chino que llegó a supervisar varios de los  torneos de lucha provinciales anteriores a la Segunda Guerra Mundial en Henan, uno de los centros principales de lucha en el continente. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue director adjunto de la Asociación Central de Boxeo de Chungking, donde también dirigió una comisión para reunir, editar y publicar material sobre las 55 formas de Wu Shu (lamentablemente, la mayoría de este material se perdió cuando los comunistas tomaron el poder en el continente).

Cuando le conocí, Chen era decano de una universidad en Taichung y respetado director de la Asociación de Boxeo Chino de Taiwán. En su vejez había perdido parte de sus habilidades de juventud. Sin embargo, al verle ejecutar su boxeo “sintético”, uno se daba cuenta de estar frente a alguien de una calidad superior, un campeón de lucha.  Una vez me contó que había practicado bastón largo con un afamado maestro de noventa años en Pekín.  Durante un repaso de las enseñanzas, el joven Chen fue capaz no sólo de desviar el bastón de su maestro, sino que en el mismo movimiento le arrebató el arma al anciano. Muchos de los alumnos se echaron a reír. El maestro recogió su arma y les dijo que no se rieran, que aquélla era una ocasión de gran seriedad. “¿Por qué os reís?”, preguntó. “ Este ha sido un espléndido movimiento que muestra que el joven Chen ha conseguido llegar muy alto en la técnica. Ningún maestro se lamenta porque un alumno suyo le supere. Esto sólo da mayor brillo al profesor. Yo os enseño a que primero me venzáis a mí y después os venzáis a vosotros mismos. El joven Chen muestra cierta habilidad, pero sólo hacia el primer objetivo. El resto de vosotros simplemente se ríe.  ¡En lugar de reíros, trabajad! Por ahora, todos excepto Chen, podéis iros”.

El General Yang Tsung-ting, un buen amigo de Chen, me contó que, durante sus años de aprendizaje a Chen no le gustaba seguir las normas de protocolo, se negaba a inclinarse ante sus superiores y por eso se le consideraba como a un radical. Esto se trasluce en su enseñanza. Nunca cobraba a nadie ni insistía en que se respetasen los rituales, pero sí era muy selectivo con las personas a las que enseñaba. Incluso después de cumplir los setenta años este campeón de luchadores continuó practicando y enseñando hasta su muerte. 

Los consejos que me dio siempre fueron agudos y profundos. Decía que los aspectos internos: la mente, el Qi y la fuerza, deben estar sincronizados con lo externo: ojo, mano y pie,  si se desea que la técnica llegue a florecer por completo. Pero que, si no se consigue la coordinación más absoluta, es mejor confiar en lo interno. El Pa-Kua y el Hsing-I deben practicarse con la misma relajación que el Taiji Quan, pero a la velocidad normal de un combate. No hay mayor error que practicarlos aplicando fuerza como en el kárate. El cuerpo debe actuar y reaccionar como una sola entidad. Ningún componente debe moverse independientemente. El cuerpo debe mantenerse abierto y no contraído, de lo contrario, algunos componentes como por ejemplo, los hombros o los brazos, actuarán en detrimento del todo y la acción perderá eficacia.

Chen me contó lo siguiente sobre los templos de Shaolín. Allí, los alumnos normalmente practicaban tres veces al día, dos horas cada vez. A primera hora de la mañana, inmediatamente después del almuerzo, y por la tarde. Para los estudiantes avanzados también había una práctica especial a media noche. Inicialmente, los alumnos recibían la enseñanza en grupo. Después de llegar a un cierto nivel, se les enseñaba individualmente. Cuando el estudiante había finalizado sus estudios, tenía que atravesar cuatro o cinco puertas en las cuales sus profesores le atacaban. Si conseguía neutralizarlos con éxito, el alumno podía abandonar el templo como graduado. 

Pude trabajar de cerca con Chen en asuntos organizativos de la Asociación. Durante sus últimos años publicó su método de  síntesis del Taiji Quan y un libro sobre Shuai Chiao.  Estoy seguro de que hay trabajos suyos aún no publicados, ya que en una ocasión me habló de un proyecto en el que pretendía  incluir todas las grandes artes marciales. Lo recuerdo porque yo le había insistido en que acometiera una obra general que cubriera todas las artes marciales con métodos específicos. Él percibió mi seriedad y me trató con mayor respeto del que merecía.

Sus últimos años los pasó sumido en un estado de depresión. Su buen nombre quedó manchado en uno de esos episodios de la vida que no se pueden corregir por mucho que uno haga. Sin embargo, siempre fue extraordinariamente amable conmigo. Esto sólo pude apreciarlo en su medida mucho tiempo después, cuando yo mismo me vi envuelto en un episodio similar. Le conocí y estuve con él varias veces en Taipei y, cada vez que fui a Taichung, me saludaba con gran entusiasmo y pedía a sus discípulos que me atendiesen en todo lo que necesitase. Sus dos hijos, Yun-Ch’ao y Yun Ch’ing, se han visto en la difícil posición de heredar su nombre y tranmitir su tradición de lucha. ¡Pero debe ser glorioso haber tenido un padre así!

 

Traducción:  Luis  Soldevila.